puedo envenenarme de vos toda la noche
puedo envenenarme de otro...
puedo intoxicarme de cualquiera
que yo quiera
¿Hasta qué punto es posible la autosugestión?
Trazo con tiza los límites y voy en avanzada
A mi propio corazón le declaré la guerra
y se viene... y cuando se distrae, voy
¡quiero salir! ¡quiero ser libre!
Y me encadena.
Entonces me siento y me enveneno
y con la mente salgo flotando por arriba.
Y cuando me distraigo, patada en la retaguardia:
imágenes, tortura psicológica...
Mueve mi propia mano a la palanca de la máquina,
provoco mi propio dolor...
Y entonces se distrae y salto al acantilado.
Caída en picada,
en la que bebo mi pócima
y remonto a todo vuelo huyendo, con la esperanza de alcanzar la libertad.
la libertad de querer a quien yo quiera.
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