Hoy tampoco pude despertar.
Entré en shock ante la visión de un espeluznante ser.
No imaginé entre páramos de destrucción y polvo, entre tanta ruina triturada encontrar a alguien más.
Luego de un extenso e indefinido tiempo de vagar por desolados caminos, me había acostumbrado o mejor dicho "acomodado" a la soledad absoluta. En cierta manera me calmó mucho.
Aquí no hay días ni noches.
La comida no es necesaria.
La total soledad se tradujo dentro de mí en una sensación de terrible y férrea seguridad.
Desmoronada por completo al doblar una esquina fatal.
Allí, vi en un profundo valle (parecía un cráter) a una enorme cosa, tan gigantesca como una montaña. ¡Su color! No podía recordar su color las primeras veces que lo vi, hasta que terminé por descubrir que no tenía una tonalidad fija. Sin embargo caí en la cuenta de que estaba viva recién en mi segunda visita. Esa enorme cosa ya me había asustado lo suficiente viéndola de tan lejos, por el vasto espacio que ocupaba, pero también por su repugnante hedor...
Y la segunda vez le vi los ojos...
¡Ugh! ¡qué ser tan espeluznante! Me alarmó el sentimiento de saberme la última forma de vida en compañía de esa cosa que latía, gelatinosa, y que se fagocitaba en todas direcciones, ramificándose, undiendo infinitos tentáculos como venas en la corteza.
¡Esa cosa! ¡Se estaba chupando todo!
¿Acaso era la creadora absoluta de esa soledad ?
No hay comentarios:
Publicar un comentario