Quizás si no salto a las sombras
o escondo las garras, me retraigo.
Atravieso la luna de lobos de mirada ausente.
En el umbral siento la tierra respirándome en la cara,
y surjo, y me desato como río,
así vivo, es mi forma de ser.
Cazado y perseguido, he elegido mi destino.
Por siempre perdido de trampas,
me pierdo de las luces de los espejos de colores: Me da gusto.
Adecuada la velocidad;
la reflexión define senderos en la espesura.
Todo lo que se estanca se pudre.
A mí las rejas arriman.
Los candados se cierran infranqueables,
pero ellos son los presos.
Sufrimiento, opresión, represión
hieren mis nervios
llamándome al silencio.
Pero el rugido bulle en mi sangre
y llega a mi garganta.
No lo contengo.
En carne viva, la historia me despliega el cínico espectáculo de la estupidez y la codicia.
Vivir con dolor.
Descansar sólo a la hora de la muerte.
Sangre inocente, sangre inocente
salpica la infección que llevo en el corazón
y me escarmienta el alma.
Si me doy a la fuga
es porque quiero volverme más fuerte.
En los momentos de calma
corro por dentro
laberintos y callejones
que no terminan.
Porque el fin no existe
y
si quiero
en cualquier momento puedo volver a nacerme.
Interminable,
libre,
fugitivo otra vez.
Cazado y perseguido he elegido mi destino.
Si vuelvo del exilio
nunca olvido:
sangre inocente. Sangre inocente
bebe la gente.
Sangre inocente. Sangre inocente
inunda mi mente.
SANGRE INOCENTE.
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