¿Qué puedo decirte?
Que te extraño tanto que pierdo sentido
Pierdo sentido ante mí misma con sólo sentir estas cosas.
Sentir estas cosas...
¡Cuántas palabras! y cuánto nos dijimos sin ellas también...
Estás tal vez, es decir, te veo, te dibujás claro en mis pensamientos, en mis manos, en mis oídos...
y estás tal vez...
Solamente de huesos y de sangre no, solamente de humo no, tantas veces vos en diferentes planos...
Es decir estás y estoy, lo sabés, te percibo extrañamente, te percibo sin intentarlo, lo sé yo y vos ¿lo sospechás? ¿Estás o solo estoy yo? A veces lo parece y otras no, es así plenamente. Nos percibimos.
Y en ese juego virtual, en esa danza de máscaras, salimos de la oscuridad a destiempo, con la sonrisa de frente y una lágrima disimulada. Como esa vez... ¿te acordás de esa vez? Te contemplé contemplándome, mirándome espectantemente, atravesadoramente, como un rayo láser que me atravesaba la cabeza. Y cuando nos saludamos inmediatamente lo sentí y fue horrible, y más y más horrible por la seguridad de que vos también... lo sentíamos. No entiendo por qué lo sé. Sé que lo sentíamos los dos, lo sentimos los dos, a esa angustia profunda, un vacío ilógico, doloroso como mutilación practicada cruentamente en nuestras almas. Se desató como un grito contenido de algo que existía desde hace tiempo y que además continuaba ocurriendo en ese mismo momento. Sin dudar mi alma pudo entenderlo al instante; intuyo que se percibía en mis ojos porque lo percibí en los tuyos. En el instante en que te vi lo sentí, lo sentí en todo el cuerpo, a ese dolor sin cabeza, esa tristeza que nos abofeteaba y nos cagaba a trompadas. La percibí en todo tu ser y la sentí dentro de mí, te sentí como mi espejo, en esa vorágine de locura estábamos los dos, tus ojos eran el reflejo de mi ser. Fueron solo unos segundos, trágicos segundos de tus ojos húmedos, de tu sonrisa temblorosa, de tu voz extraña, a la vez usual y a la vez inusitadamente conmovida y conmovedora. Todo vos, vacilante como flama, como tsunami contenido. Toda yo sintiéndote, y sintiéndome de la misma forma. Una electricidad nos envolvía dentro de la misma frecuencia. Y la melancolía y el dolor se sublimaban con muchas y de muchas otras cosas. Un instante inocente y cotidiano más, unos segundos de mi sencilla vida.
Así te sentí y me sentiste.
A veces, aún, nos sentimos.
Torpeza espiritual mía. En mi confusión interna no me dejo existir. Confundiome tu idea. Embriagome de ilusiones y mentiras autoinducidas. Lavo mi propio cerebro. Perdoname, y volveme a dejar amarte. Si querés.
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